La crucifixión blanca, Chagall
- Cuadro al óleo sobre lienzo
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| Autor: | Chagall |
|---|---|
| Título: | La crucifixión blanca |
| Título inglés: | White Crucifixion |
| Ubicación original: | Art Institute of Chicago, Chicago, EE. UU. |
| Año: | 1938 |
"La crucifixión blanca" (1938) de Marc Chagall es una respuesta directa al creciente antisemitismo y a los eventos violentos de la terrible noche del 9 de noviembre de 1938 y los pogromos en Europa. Pintado poco después de la "Noche de los cristales rotos" (en alemán, "Kristallnacht") de noviembre de 1938, este cuadro refleja el sufrimiento del pueblo judío a través de la imagen de Cristo crucificado, quien, en esta obra, se convierte en un símbolo del martirio judío. A diferencia de las representaciones tradicionales de la crucifixión, Chagall usa elementos claramente judíos: Cristo porta un «talit gadol» (en hebreo, טלית גדול), claramente adscrito a la tradición asquenazí, reconocible por las franjas negras que recorren su borde inferior. Este manto de oración, tradicional aunque no exclusivo de las comunidades judías de Europa oriental, sustituye deliberadamente a la iconografía textil cristiana convencional, subrayando la identidad judía del Redentor, su sufrimiento y su profunda empatía con la angustia de su pueblo.
La composición del cuadro está dividida en escenas caóticas de persecución y destrucción, evocando los pogromos que azotaron a las comunidades judías de Europa del Este. A su alrededor, las llamas devoran sinagogas y personas huyen mostrando así la desesperación de un pueblo bajo un horroroso ataque. El uso del color blanco en la escena central de la crucifixión resalta la figura de Cristo en medio del caos, elevando a lo más alto los principios de pureza e inocencia frente a la brutalidad del miedo y la violencia del antisemitismo. Con un rayo de luz que baña al personaje central y se derrama por el resto de la composición se desvela el misterio de la misión salvífica de un solo hombre destinado a reconciliar a todos.
Chagall, influenciado por el surrealismo y el simbolismo, mezcla lo real y lo espiritual en este cuadro, donde el sufrimiento terrenal se conecta con lo divino. A través de "La crucifixión blanca", el pintor no solo denuncia la violencia contra los judíos, sino que también hace una llamada de atención al mundo sobre la urgencia de detener esta tragedia. La obra fue una visión profética de los horrores que se avecinaban con la Segunda Guerra Mundial.